En la orilla del río Oria
Allá en el norte hay un bonito lugar, donde las nieblas y las lluvias son casi perpetuas, en lo más profundo del valle, a la orilla del río Oria, cuentan las gentes leyendas de bikers y sobre aquel, que años atrás, fuera iniciado en el mundo de la moto, ahora volviose afamado maestro, en los menesteres del mantenimiento y transformación.
Txopo que así se hacía llamar, es un personaje afable, de trato fácil, con espesas barbas y entendido en temas de mecánica y mantenimiento de motores, reconocido en muchos rincones por rodar a lomos de su querida txamuska, decidió un buen día que dedicaría sus conocimientos a la reparación y construcción de motos, y después de largo tiempo trabajando entre hierros, empezó a gestar en su cabeza la loca idea de independizarse, poco a poco, y al mismo tiempo que sus barbas se tornaban cada vez mas blancas, encontró un kobazulo, al que llamaría Txoperhead.
Sito en Tolosa, Txoperhead, que sería decorado y adaptado a medida de sus caprichos, tenía todo lo necesario para cuidar de las monturas de los bikers de la zona y de todo aquel que hasta allí se acercase. A la entrada, decorada en madera de un color verde, Txopo atendería las demandas de singulares personajillos que deseasen mantener o convertir sus monturas, detrás, el kobazulo era un amplio lugar donde se cuidarían toda variedad de trastos sin importar mucho su naturaleza, y con toda clase de máquinas y artilugios que servían para despedazar, pegar, cortar y alargar mundanas motos y crear después maravillosas e infernales máquinas, que con su estruendoso rodar harían volver sus cabezas a los lugareños, que asombrados veían aquellas diabólicas criaturas desaparecer bajo, el casi siempre, oscuro y gris cielo del norte.
Txopo que así se hacía llamar, es un personaje afable, de trato fácil, con espesas barbas y entendido en temas de mecánica y mantenimiento de motores, reconocido en muchos rincones por rodar a lomos de su querida txamuska, decidió un buen día que dedicaría sus conocimientos a la reparación y construcción de motos, y después de largo tiempo trabajando entre hierros, empezó a gestar en su cabeza la loca idea de independizarse, poco a poco, y al mismo tiempo que sus barbas se tornaban cada vez mas blancas, encontró un kobazulo, al que llamaría Txoperhead.

Sito en Tolosa, Txoperhead, que sería decorado y adaptado a medida de sus caprichos, tenía todo lo necesario para cuidar de las monturas de los bikers de la zona y de todo aquel que hasta allí se acercase. A la entrada, decorada en madera de un color verde, Txopo atendería las demandas de singulares personajillos que deseasen mantener o convertir sus monturas, detrás, el kobazulo era un amplio lugar donde se cuidarían toda variedad de trastos sin importar mucho su naturaleza, y con toda clase de máquinas y artilugios que servían para despedazar, pegar, cortar y alargar mundanas motos y crear después maravillosas e infernales máquinas, que con su estruendoso rodar harían volver sus cabezas a los lugareños, que asombrados veían aquellas diabólicas criaturas desaparecer bajo, el casi siempre, oscuro y gris cielo del norte.




